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miércoles, 30 de marzo de 2011

Mi príncipe amarillo

Estoy casi 100% segura que absolutamente todas las mujeres en alguna etapa de nuestras vidas, hemos tomado papel y lápiz para describir a nuestro hombre perfecto. Habrá quien lo hizo de niña con sus muñecas por testigos, pero incluso una mujer madura puede tomar su libreta para enlistar todas las cualidades que describen a su príncipe azul y así poder decretarlo.


Yo también escribí mi listita alguna vez, pero con el tiempo ha cambiado. Ya no quiero al mismo caballero que alguna vez visualicé a los catorce años rescatándome de la torre encantada. Ni tampoco me interesa ya el alma de la fiesta, divertido, amiguero y con el que me la pasaba increíblemente bien, aunque siempre dudando con cuántas más se la pasaba así, de cuando estudiaba en la Universidad.

Ahora quiero un hombre que sepa lo que quiere de la vida. Si necesito que sea alegre y le guste divertirse, porque tampoco puedo negar que mi alma fiestera sigue ahí, pero ya no que nunca se pueda quedar en casa viendo películas.

Creo que mi requisito número uno es que sea alguien con quien se pueda conversar, nada me decepciona más que alguien que no tiene nada que decir. Yo que soy un loro y puedo estar sentada en un jardín rodeada de piedras y al final las hago hablar, no puedo tener un príncipe tímido ó reservado, también ya pasé por eso y no me gustó.


Retrógradas, machistas y de mente cerrada de una vez favor de pasar a la puerta, fue un placer. No soy la mujer más “open mind” del planeta, no aceptaría que se acostaran con mis amigas, ni que me propusieran una “relación abierta”, pero si soy una mujer del año 2011.


Un príncipe que me deje hacerle de cenar, sin que lo vea como mi obligación sino como una muestra de mi cariño. Un príncipe que me traiga flores de vez en cuando, pero que no se espante si un día me encuentra taladro en mano queriendo empotrar unas gavetas para mis bolsas. Un príncipe con el que me pueda acurrucar en el sofá comiendo galletas y helado, pero que también comparta conmigo un domingo futbolero, tomando cerveza y mentándole la madre al árbitro.


Tardaría muchas horas en describir a detalle como lo quiero, así que me voy directo al último punto. A mi príncipe amarillo no lo tengo que buscar, el sólito llegará en el momento adecuado, y si ya llegó quizás habrá que darle una ayudadita a Cupido pero definitivamente a diferencia de mis pasados príncipes, este no será un problema más, el amor con mi príncipe amarillo simplemente fluirá.

¿Y porque lo quiero amarillo? Porque es mi color favorito, es un color que me llena de energía y me hace feliz. Y eso precisamente quiero yo en mi príncipe.